La famosa isla del sur de Australia me ha sorprendido!

Abril, otoño. El sol aun brilla en el cielo de Tassi, como la llaman los australianos. Las nubes aparecen en pequeños intervalos y sopla una brisa de aire fresco que da placer respirar. Dicen que el aire de Tasmania es el más puro del mundo.

Mientras navegaba en el ferri, sentía la incertidumbre propia del que no sabe lo que va a encontrarse, pero desde el primer momento este lugar me ha recibido con los brazos abiertos.

El paisaje es especialmente bonito. Montañas, lagos, mar, campos de viñedos, manzanas o lavanda se intercalan en el camino. La carretera que conduce a Hobart desde el norte atraviesa pequeñas poblaciones y serpentea por algún que otro parque natural. Hay mucha fauna salvaje entre la que se encuentra el famoso demonio de Tasmania que aun no he tenido la suerte de ver.

Los atardeceres y amaneceres tienen unos colores intensos a los que uno es incapaz de resistirse. La mirada queda fija hacia esos tonos de colores que varían en el tiempo y en ese momento nada más importa. No hay turistas, no hay trafico, no hay ruido, no hay prisa, parece que el tiempo se ha detenido para mí, para que disfrute de todo lo que la isla tiene para ofrecer.

Me estoy alojando con una chilena increíble que conocí en Cairns. Ella, alegre, inspiradora y para mi un ejemplo a seguir vive en un precioso resort cerca del mar donde cultivan los alimentos que luego preparan en la cocina de este prestigioso restaurante de la costa Este.

Cerca en las playas de alrededor se pueden recoger ostras salvajes, perejil y espinaca de mar y algas. Os dejo una foto de las Ostras que cogimos.

La luz del sol y su calor tibio entran por la ventana, una curva inclina mi ordenador pero mis dedos y mi mirada siguen fijas en el teclado. Estoy describiendo las sensaciones que despierta en mi este lugar y eso me hace revivirlas de alguna manera. Levanto la vista para ver el paisaje mientras doy un sorbo a mi café, un café americano o long black como le llaman aquí. Me estoy mareando. Siempre me mareo en las curvas y si fijo la mirada aun más.

Mientras recorremos la carretera hacia el Oeste los diferentes cerros y montañas se superponen y se van difuminando según la distancia como capas cada vez más transparentes.

Vamos camino de Launceston, Harry el compañero de trabajo de Paula, mi amiga la chilena, nos lleva a conocer su ciudad y a su madre. Yo estoy encantada porque puedo ir escribiendo mientra viajo y porque conocer un lugar de la mano de un local es de los mayores regalos que se pueden tener viajando. Pero el relato ha de acabar aquí si no quiero acabar vomitando por la ventana.

Aquí os dejo una fotillo de Launceston y su maravilloso parque urbano.

Continuará…

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